lunes, 28 de mayo de 2012

La estética de la violencia - Marcela Robles

Ayer leía el periódico y encontré este artículo. Como me parece interesante, lo comparto aquí. 

Marcela Robles. «La estética de la violencia». En El Comercio. Lima, 27 de mayo, 2012, p.12.
No. No es gracias a una conocida marca de gaseosa que todo irá bien en la vida porque «refresca mejor», ni la nueva generación adolescente será más cool por tomar un determinado tipo de leche; ni tampoco necesitamos un aparato de alta tecnología para poder captar un momento feliz: babosadas que la publicidad intenta hacernos digerir con sus más sofisticadas (y la mayoría de las veces ramplonas y evidentes) mañas.
            Pero hay algo que en cierta medida sí puede lograr un cambio: el arte, y en este caso, más concretamente, el cine, el teatro y la literatura, que nos permiten vislumbrar lo que muchas veces no podemos ver porque estamos adormecidos.
            ¿Se han preguntado, por ejemplo, por qué no toleramos en la vida real lo que le ocurre al vecino, al colega de trabajo o al amigo más querido, cuando somos perfectamente capaces de comprender y hasta aplaudir a los personajes de una novela o una película, y elevarlos a la categoría de héroes o antihéroes?
            Por nombrar solo una, recuerdo «Una historia violenta», filme del sobrenatural David Cronenberg. Una película impecable en su género, en que la violencia, el sexo y los valores se confunden en una trama endemoniada. Sin embargo, cuando todo el horror ha amainado, somos capaces de entender el perdón, el bien que predomina sobre el mal y el amor que destierra al odio. Justo ahí, donde otros son solo capaces de ver sangre y muerte.
            Porque cuando no es gratuita y se sobreponen la creatividad y el talento, la violencia puede alcanzar un nivel estético. Ese que nos demuestra que hay extravagantes alternativas a nuestras a veces mediocres maneras de ver las cosas, que no necesariamente son censurables, sino que escapan a toda denominación.

            Es ahí donde reside parte de la grandeza de la dimensión artística: en que nos fuerza a ir más allá de nuestros límites para transitar caminos poco ortodoxos. Porque cuando esas situaciones nos tocan la puerta de la vida diaria, generalmente no podemos comprender al prójimo más cercano y salimos corriendo a confesar nuestros pecados

            El arte nos confronta con aquello que realmente somos capaces de ser o hacer, en este «mundo azul como una naranja», en la versión de Paul Éluard.

lunes, 21 de mayo de 2012

Elementos expresionistas en Horal (1950) de Jaime Sabines - Por Néstor Saavedra Muñoz (*)




1.    Introducción

En el panorama de la poesía mexicana contemporánea, Jaime Sabines (1926-1999) es una figura que destaca por el coloquialismo de su discurso y por su sensibilidad con respecto a los cambios propios del mundo moderno. Su quehacer literario lideró el cambio de una poesía recargada en imágenes y artificios por otra en la que predominaba la lengua estándar y el habla popular, sin afectar por ello el carácter estético del texto ni la profundidad en el tratamiento de los temas poetizados.
Por un lado, Octavio Paz, Alí Chumacero y Rubén Bonifáz Nuño se orientaron hacia el trabajo riguroso con el lenguaje y la técnica, buscando directamente la perfección formal del texto. A esta manera de concebir la poesía, se opuso la retórica cotidiana de Jaime Sabines a fines de la década del cuarenta, (junto a la de Rosario Castellanos y Jesús Arellano), la cual tuvo como consigna aproximar el discurso poético al hombre de todos los días, representando con un lenguaje llano y ajeno a los determinismos de los círculos académicos situaciones o sujetos sociales propios de una realidad pueril en pos de obtener saberes con los cuales propiciar así la democratización de la cultura. Esto se puede apreciar a lo largo de su producción literaria: Horal (1950), La señal (1951), Adán y Eva (1952), Tarumba (1956), Diario semanario y poemas en prosa (1961) Poemas sueltos (1951-1961), Yuria (1967), Maltiempo (1972), Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (1973) y Otros poemas sueltos (1973-1994).
La obra de Jaime Sabines también alcanza representatividad a la luz del devenir de la literatura latinoamericana, ya que podría considerársele como un pilar en el marco de los nuevos formatos discursivos que aparecieron oficialmente a principios de los años cincuenta. Mucho antes que Nicanor Parra en Chile quien publica Poemas y antipoemas en 1954 Jaime Sabines, en Horal, estructura ya su discurso con un lenguaje cotidiano e irónico, opta por el trabajo con la anécdota, presenta un afán por desmitificar ciertas vivencias humanas y critica a la figura del poeta entendido como un exhibicionista de la palabra e individuo superior. De igual forma, con el carácter conversacional de Tarumba, por ejemplo, el poeta mexicano se adelanta al Ernesto Cardenal de La hora 0 (1960) y Epigramas (1961).
Dentro de los estudios que hasta el momento se han ocupado de la obra del escritor mexicano, hay puntos que todavía son materia de discusión. Uno de ellos es la inscripción de la escritura de Sabines en una tradición poética. Al respecto, el corpus crítico ha seguido dos direcciones: 1) un aislamiento interpretativo; es decir, en el mayor de los casos no hay una perspectiva pertinente que propicie el diálogo entre el trabajo de Sabines con otras poéticas, y 2) dicha ausencia se ha querido compensar con relaciones intertextuales arbitrarias y generales, desde vínculos dentro del ámbito literario, hasta su relación con proyectos filosóficos o religiosos. Si bien es cierto que hay quienes han catalogado a Jaime Sabines como un poeta expresionista, estas propuestas sólo han abordado el tema de forma tangencial, sin la debida profundización en el asunto.
La presente investigación pretende establecer un vínculo fehaciente entre Horal y el código-estético expresionista, reparando no sólo en los contenidos de ambas poéticas, sino también en la afinidad de sus estrategias discursivas y recursos retórico-figurativos. Siguiendo los lineamientos de la neoretórica extensional de Stefano Arduini, nuestro planteamiento se sustenta en la revisión de tres aspectos: 1) La perspectiva filosófica: en el que asistimos a) a la representación de la alegoría adánica, b) a la manifestación de la experiencia disfórica de la vida a partir de la imprecación y c) a la búsqueda de la génesis del hombre en función de la metaforización en animal, 2) La perspectiva verbal: en el que se cuestiona, mediante expresiones antitéticas, el lenguaje y su competencia comunicativa, hasta optar por el silencio y 3) La perspectiva ética: (aspecto que los estudios literarios no han considerado al momento de asociar a Sabines con la literatura expresionista) en cuanto hay una intencionalidad comunicativa que revela una preocupación por el otro, un afán de comunidad. Por cuestiones de tiempo, desarrollaré en la presente ponencia sólo un punto específico de los tres mencionados: el que concierne a la metaforización en animal de la perspectiva filosófica.
2.    Jaime Sabines y la crítica
Los estudios literarios sobre la poesía de Jaime Sabines han seguido, fundamentalmente, tres orientaciones de lectura: la lectura contenidista, la lectura intertextual y la lectura desde la tradición.
Sobre este último punto, los comentarios críticos son escasos. Salvo algunos especialistas  que han situado a la escritura poética de Sabines en el marco de la tendencia posmodernista (Beatriz Barrera, 2004), expresionista (Octavio Paz, 1966; Carmen Alemany Bay, 2006) o neorrelista («realismo coloquial»— Norma Klahn, 1987), el  asunto no ha recibido mayor atención por parte de la comunidad académica.
Precisamente, el balance del estado de la cuestión al respecto nos revela una agenda problemática, vinculada específicamente al carácter expresionista de la poesía del escritor mexicano. La relación entre la poesía de Sabines y la literatura expresionista fue planteada por Octavio Paz en 1966 y recientemente discutida por José Manuel Recillas en el 2006. A continuación retomaremos dicho debate con el fin de servirnos de base para la formulación de nuestra hipótesis de trabajo.  
En el prólogo a Poesía en movimiento (1966), Octavio Paz realiza un paralelo entre «el barroquismo» Rubén Bonifáz Nuño y «el expresionismo» de Jaime Sabines. Explica el carácter expresionista de Sabines a partir de una analogía con Gottfried Benn:
            Jaime Sabines se instaló desde el principio, con naturalidad, en el caos. Es un poeta expresionista y sus poemas me hacen pensar en Gottfried Benn: en sus saltos y caídas, en sus violentas y apasionadas relaciones con el lenguaje (verdugo enamorado de su víctima, golpea a las palabras y ellas le desgarran el pecho), en su realismo de hospital y burdel, en su fantasía genésica, en sus momentos pedestres, en sus momentos de iluminación. Su humor es una lluvia de bofetadas, su risa termina en aullido, su cólera es amorosa y su ternura colérica. Pasa del jardín de la infancia a la sala de cirujía [sic]. Para Sabines todos los días son el primer y el último día del mundo[1].
            La  reflexión del crítico está determinada por un criterio de orden temático (la idea de caos) y, en menor proporción, por otro de orden formal (la intensidad de la palabra); es decir, al comparar ambas poéticas desde esta perspectiva, Paz sigue una línea inmanentista. En otro texto dedicado al poeta, el crítico continúa con esta visión del discurso poético:
Es difícil para un temperamento rígido por la violencia contradictoria de las pasiones, construir obras que no sean espasmódicas y que vayan más allá del grito, la interjección o la eyaculación. A pesar por su fascinación por lo ciclópeo y lo gigantesco, el expresionismo es un arte de fragmentos y de obras intensas y breves. La relación contradictoria que une las abejas furiosas a las flores polícromas es del mismo género de lo que une el expresionismo al impresionismo. Son dos manierismos de signo unidos por el mismo culto a la intensidad y la misma propensión a la diversidad y a la dispersión; ambos tienden a romper las formas y ambos se disipan en la atomización. Ni el uno ni el otro son arquitectos; la pasión expresionista y la sensación impresionista hacen estallar los grandes bloques pero los dos son incapaces de unirlos y construir un edificio con ellos. Sin embargo, Sabines ha logrado escribir poemas de extensión y complejidad. Esas construcciones poéticas me asombran por tres cualidades poco comunes: la sencillez del trazo, la espontaneidad de la ejecución y la solidez de la forma[2].
Con esta aseveración podemos confirmar que el juicio de Paz sobre el expresionismo sabiniano se ordena desde una perspectiva estructural del discurso. Así, Paz destaca el hecho de que Sabines, de alguna forma, reformula el paradigma expresionista al superar su fragmentarismo, al presentificar el furor expresivo en una forma compacta.
José Manuel Recillas se ha pronunciado en contra de estos planteamientos que ligan el quehacer literario de nuestro poeta a la literatura expresionista. En su artículo, “Gottfried Benn, breve historia de la recepción de su obra en lenguas romances” (2006), ha problematizado lo dicho por Paz expresándose como sigue:
En el prólogo a Poesía en movimiento (1966), Paz hace una comparación que parece atrevida al parangonar a Benn con Sabines: “Jaime Sabines se instaló desde el principio, con naturalidad, en el caos. Es un poeta expresionista y sus poemas me hacen pensar en Gottfried Benn: en sus saltos y caídas, en sus violentas y apasionadas relaciones con el lenguaje (verdugo enamorado de su víctima, golpea a las palabras y ellas le desgarran el pecho), en su realismo de hospital y burdel, en su fantasía genésica, en sus momentos pedestres, en sus momentos de ilustración.” Aseveración temeraria, en principio, pues ni el expresionismo alemán ni el Benn expresionista tienen que ver con Sabines, incluyendo su relación con el lenguaje y su total lejanía de cierta cursilería y populachería que siempre ha estado presente en la poesía del mexicano, a partir de lo cual se podría suponer que Paz no conoció en realidad la poesía expresionista, tanto en sus representantes más agresivos y experimentales, como aquellos autores que, estando cercanos a éste, lo superaron[3].

El crítico aborda el problema atendiendo a los componentes del fenómeno literario. No se restringe al análisis del discurso, como sucede con Paz, sino que va más allá y efectúa una polarización de las poéticas a partir de su recepción. De un lado está el movimiento literario expresionista representado como una tendencia culta, sobria en la manifestación de las emociones; del otro, se encuentra la poesía de Jaime Sabines, vista por el crítico (¿acaso con cierto desdén?) como cursi y dirigida a un sector social popular. Empero, Recillas, a diferencia de Paz, olvida una serie de temas y preocupaciones representadas por el expresionismo que se relacionan con el modelo de mundo propuesto por Jaime Sabines en su obra.
3.    Elementos expresionistas en Horal
Como señala Casal[4], «el expresionismo no es una escuela estructurada con un programa definido y un estilo homogéneo. Es una sensibilidad difusa, un estado de espíritu por debajo del cual la nota dominante es la diversidad individual» (8). Sin embargo, aquí trazaremos algunas constantes de esta poética. Para ello, hemos articulado las ideas de dos libros canónicos sobre el tema: El expresionismo literario (1958) de Rodolfo E. Modern e Impresionismo y Expresionismo (1963) de Walter Falk.
Entre las características del movimiento expresionista, podemos señalar como fundamentales a las siguientes: a) una fuerte intención por manifestar la realidad espiritual, b) la actitud inevitablemente pasiva con la que el hombre es representado, c) su aparición provoca una ruptura con la tradición, d) el arte es concebido como una expresión subjetiva[5] y e) la estética está ligada a la idea de compromiso (1963:531).
3.1.        Sobre el origen: la metaforización en animal
En su estudio sobre Rilke, Trakl y Kafka, Walter Falk señala que el impresionismo y el expresionismo son dos códigos estéticos que se distinguirán por su representación particular del hombre.
En medio de un contexto degradado por las crisis sociales y el mundo industrializado, el impresionismo confiaba en la transformación del mundo. Poetas como Rilke aprehendieron la escritura poética como un puente que conducía hacia una esfera trascendente, un medio que liberaba al hombre del dolor provocado por su conciencia de ser insignificante. Asimismo, el sujeto representado por los impresionistas podía evolucionar, actuar y encontrar la salvación. 
Todo lo contrario es el expresionismo. Según Falk, el movimiento expresionista niega cualquier posibilidad de relación entre el hombre y una realidad superior. Inmersos en un completo nihilismo, sin poder romper con la condición opresora en la que se desenvuelve la existencia humana, el yo es víctima de una irremediable desventura, sin fe en la transformación de esa estado. En la imagen del animal, Falk observa a «un ser viviente terrenal que es movido e impulsado por las grandes fuerzas, sobre las que él mismo no tiene el menor influjo. Carece de libertad y está abandonado al dominio de un oscuro poder. No tiene la posibilidad de llevar a cabo un acto de transformación» (511). En esta dirección, la animalidad del hombre provoca el sentirse extraño, lejano, solo[6]. Y el arte, producto del hombre, perdía su cualidad de instrumento de salvación. Esta imposibilidad de rescatar una realidad superior, de aprehender algún sentido sublime del mundo cotidiano trae como resultado la desacralización de la actividad artística, además de considerar natural y hasta necesaria la experiencia del silencio al confrontar la inutilidad de la palabra.
Para el crítico, la mutabilidad del ser humano en animal dentro de la narrativa de Kafka encuentra su origen en el discurso bíblico, en donde la voluntad de poder del hombre (Adán y Eva) trajo como consecuencia un ser transformado, regido por el devenir. Es con el pecado original que el hombre-animal se convierte en un ser sin privilegios, lanzado al tiempo. Sobre el carácter pasivo del animal expresionista, Falk se expresa como sigue: «Como el hombre había determinado por una decisión eterna su voluntad, debiera estar privado propiamente de toda clase de libertad durante su existencia temporal. Entonces su vida no se podría realizar sino al modo de la de un animal o de un alienado, en cualquier caso como la de un durmiente o un ser en estado onírico o privado de sentido» (198). Así, la condición de animal es el resultado de un proceso, en el cual en un primer momento se vivía en comunidad con Dios, luego se intenta ser igual a él y, finalmente, se produce la muerte del «hombre paradisíaco», dando lugar a una existencia perecedera.
Esta concepción del hombre y su asociación al ámbito de lo animal la podemos encontrar en otros escritores expresionistas. Albert Ehrenstein, por ejemplo, en su poema «Desesperación», se referiría a esa soledad alienante del siguiente modo: «Semanas, semanas en silencio./ Vivo solitario y marchitado./ Ninguna estrella titila en el cielo./ Moriría de buena gana./ Mis ojos se afligen por la estrechez,/ Me oculto en un rincón cualquiera./ Querría ser pequeño, una araña,/ Pero nadie me aplasta./ A nadie le hice nunca daño,/ Y ayudé un poco a todos los buenos./ ¡Oh, dicha, nunca podré llamarte mía!/ No quieren enterrarme en vida.»[7] (Modern 1958: 107); o también tenemos a Franz Werfel, cuando demanda su aniquilación en «La medida de las cosas»: «¡Oh, Señor, destrúyeme!/ ¿Para qué este gozar oscuro y lastimero?/ No soy digno de que tus heridas manen./ ¡Concedéme el tormento, gota a gota!/ Quiero abarcar la muerte de todo el universo./ ¡Oh, Señor,  destrúyeme!/ Hasta que muriera en cada harapo,/ Y reventara en cualquier gato o rocín, […]»[8] (139).
En Horal hallamos que, al igual que los expresionistas, el poeta mexicano utiliza la metáfora del animal en la composición elocutiva de su discurso para hacer referencia a la desventura del hombre, como bien podemos apreciar en el poema «Lento, amargo animal»:

Lento, amargo animal

que soy, que he sido,
amargo desde el nudo de polvo y agua y viento
que en la primera generación del hombre pedía a Dios.

Amargo como esos minerales amargos
que en las noches de exacta soledad
-maldita y arruinada soledad
sin uno mismo-
trepan a la garganta
y, costras de silencio,
asfixia, matan, resucitan.

Amargo como esa voz amarga
prenatal, presubstancial, que dijo
nuestra palabra, que anduvo nuestro camino
que murió nuestra muerte,
y que en todo descubrimos.

Amargo desde dentro,
desde lo que no soy,
-mi piel como mi lengua-
desde el primer viviente,
anuncio y profecía.

Lento desde hace siglos,
remoto –nada hay detrás-,
lejano, lejos, desconocido.

Lento, amargo animal
que soy, que he sido.

Si tenemos en cuenta al adverbio (como) y a la preposición (desde) que acompañan a las cualidades de «lento» y «amargo», el poema puede ser segmentado de la siguiente manera:
Primer segmento. Conformado por la primera estrofa. Título: «La desventura del hombre y la soledad que siente ante un Dios ausente».
Segundo segmento. Constituido por las dos estrofas siguientes. Título: «El desencuentro con la verdadera naturaleza es la razón del sufrimiento del hombre».
Tercer segmento. Compuesto por las tres estrofas finales. Título. «La condición actual del hombre es una repercusión de un hecho del pasado, con el cual la voz poética se identifica».
A nivel retórico figurativo, el texto se estructura, fundamentalmente, a partir del campo figurativo de la metáfora. Es con esta figura retórica propiamente que el sujeto de la enunciación busca el origen de su existencia: «amargo desde el nudo de polvo y agua y viento/ que en la primera generación del hombre pedía a Dios». Apreciamos que el origen del hombre está asociado a un mundo elemental compuesto sólo por tierra, agua y aire. Por otra parte, en este fragmento asistimos a la representación de la soledad como condición original del hombre, situación que se ha producido por la ruptura del vínculo del hombre con lo divino, dándose así la muerte del hombre paradisíaco.
El segundo segmento del poema se configura principalmente por el símil. A través de este recurso retórico se construye el sentido del significante «amargo»: «amargo como esos minerales amargos» y «amargo como esa voz/ prenatal...». Es decir, la experiencia del yo poético se acerca a la muerte, pues su estado emocional es comparado con la materia inorgánica (los minerales). Además, es con la figura del símil que el hablante básico intenta explicar su presente; la cualidad de lo amargo tiene un origen remoto, atribuido a Adán, con quien hay una identificación.
Otro campo figurativo importante dentro del poema es el de la antítesis. Dentro de este campo encontramos a la paradoja. Por medio de esta figura el texto apunta hacia la representación del yo; es decir, el hablante básico va a ser conciente de un yo esencial perdido, lejano, al que no puede tener acceso. Así, el yo poético se quejará de la «maldita y arruinada soledad/ sin uno mismo». El lamento es generado por la experiencia disfórica de la soledad (la única, según el poema, para la humanidad del presente). También se nos dice algo similar al inicio del último segmento: «Amargo desde dentro,/ desde lo que no soy». Aquí la paradoja plantea la negación del yo esencial, afirmando al mismo tiempo una identidad escindida, y por ello lúgubre.
Es importante reparar en el aspecto sintáctico de la poesía de Sabines, en donde sobresale el empleo de la enumeración, figura retórica que se incluye dentro del campo figurativo de la repetición. Mediante este recurso se elabora una imagen del hombre-animal con significantes que tienen una connotación negativa («lento» y «amargo»). A su vez, se nos representa la experiencia disfórica de la soledad como un proceso doloroso por ser perenne: «y, costras de silencio,/ asfixian, matan, resucitan». De esta forma, el hombre-animal es un ser que no encuentra descanso a su dolor; agoniza, es destruido y vuelve a la vida para cumplir infranqueablemente su desdichado ciclo.
En cuanto a los interlocutores del poema, el texto presenta dos momentos. En un primer momento el poema es enunciado por un locutor personaje que se dirige a un alocutario no representado. Se trata de un monólogo en el que el hablante básico quiere definirse, hallando sólo la escisión de su ser. En un segundo momento, aparece un locutor personaje en plural, lo cual implica la extensión del conflicto particular a un nivel universal. Al focalizarse el poema en un yo-colectivo se sugiere el planteamiento de una verdad generalizante, que intenta abarcar la realidad de la existencia humana. Estamos frente a una estrategia discursiva que busca la inclusión del lector en la problemática plateada por el sujeto de la enunciación.
Considerando las características textuales hasta aquí referidas, podemos decir que el proyecto estético-ideológico del poema propone al hombre como un sujeto atormentado, incapaz de salir de las circunstancias que lo afligen. Se afirma una identidad dividida, conciente de una realidad que ya le es lejana (el encuentro con Dios). A su vez, asistimos al rastreo del origen, a la dialéctica entre un ser actual y un ser remoto (Adán), desprendiéndose de esta relación la condición más esencial del ser humano: la desventura.
Teniendo como marco teórico los planteamientos de Falk, vemos que la metaforización en animal que se produce en el poema de Sabines coincide con el sistema simbólico expresionista. En la composición elocutiva de ambas poéticas, la soledad es una experiencia disfórica en la medida de que no hay un encuentro con el yo esencial, volviéndose el sujeto de la enunciación un desconocido hasta para sí mismo (“Lento desde hace siglos/ remoto-nada hay detrás-/, lejano, lejos, desconocido”). La relación se consolida si pensamos en que también es un ser sin salvación, que está condenado a sufrir sin respiro; es aquel que sufre, muere y resucita incansablemente. El carácter atormentado de su naturaleza lo convierte en víctima de la vida, representada como una fuerza implícita y sin posibilidad de ser explicada.          
De esta forma, nuestro trabajo comprueba que la poesía de Jaime Sabines y la poética expresionista presentan un alto grado de afinidad, la cual abarcaría no sólo lo macroestructural, como lo esbozó Octavio Paz, sino también lo retórico-figurativo. Problematizando el comentario de José Manuel Recillas, hemos apreciado que los recursos simbólicos y las construcciones verbales de la poesía del escritor mexicano entablan un diálogo directo con el lenguaje kafkiano y, en general, con la visión de mundo expresionista.

(*) Ponencia leída en el IV Congreso Internacional de Estudiantes de Literatura (Lima, Agosto 2010)

[1] Octavio Paz. Poesía en movimiento. México D. F.: Siglo XXI, 1966. p. 21
[2] Octavio Paz. “Corazón de León y Saladino: Jaime Sabines y Juan José Arreola. En Obras completas. t. 4. México, D. F.:Fondo de Cultura Económica, 1993-2003. pp. 295-296. 

[3] José Manuel Recillas. “Gottfried Benn, breve historia de la recepción de su obra en lenguas romances”. En Espéculo. Revista de estudios literarios. Madrid,  Universidad Complutense de Madrid, Nº. 19, 2006.

                [4] Casal, J. El expresionismo. Orígenes y desarrollo de una nueva sensibilidad. Barcelona: Montesinos, 1982.
[5] Un paralelo al respecto entre el Impresionismo y el Expresionismo nos lo ofrece Modern: “Se trata aquí, en último término, de una actitud particular del sujeto frente al objeto, en donde aquél trata de expresar, en la forma más objetiva que le es posible, cómo ha sentido y experimentado el impacto en él suscitado por dicho objeto. [...], al revés de lo que ocurre en el impresionismo, el sujeto impone su intuición específica frente al objeto; estamos en presencia de un mecanismo centrífugo, que irradia del sujeto-interior al objeto-exterior, después de haber sido puesto en movimiento por este último” (28).
[6] En palabras de Falk, una fuerza ultraterrena y sobrehumana “transforma al ser humano tan recónditamente que la norma de vida acostumbrada ya no puede ofrecer una seguridad, y aquél cae bajo el poder de una dimensión que podríamos denominar la de lo extraño. Ahí es donde el hombre metamorfoseado está expuesto a un extraño sufrimiento” (138).
                [7] El énfasis es nuestro.
              [8] El énfasis es nuestro.



martes, 21 de febrero de 2012

Carta II


El año es otro, pero tu ciudad la misma de abominable, Coronado.

Hoy recorría “La Ciudad de los Reyes” y, sin ánimo de mofa, pensaba en que hace mucho perdió tan ilustre motete, para convertirse, por todos lados, en “La Ciudad de los Nenes”.

Tú los has visto, en las esquinas, recostados en los fierros pelados de las señales de tránsito, sentados al filo de la vereda oscura o al borde de una acequia. Con cinco, diez o doce años de edad, se detienen, frágiles y limpios de corazón, frente a los automóviles de todas las avenidas de tu próspera y modernísima ciudad, y las maniobras que ejecutan en tanto la luz llega a verde en el semáforo, son una digna metáfora de su existencia.

Desde la acera, una mujer siempre lastimera los observa, sosteniendo una bolsa de dulces, si no es que al menorcito de la prole. Mientras sus hijos se apuran en contorsionar peligrosamente sus cuerpos o realizar malabares con pelotas o frutas, ellas solo aguardan, con ojos de bolero, en la soledad de la calle, pensando quizá en los golpes del marido borracho o en aquel que la amó en su juventud y se fue.

Esta noche, por ejemplo, conocí a tres de ellos. A mi lado, mientras esperaba en el paradero, estaban quietos, miserables, pendientes de que se detenga el tráfico. De pronto, al ponerse el rojo en lo alto de la esquina, de un salto invadieron el crucero peatonal y dieron inicio a las piruetas. Una vez terminado ese quehacer, pasearon por el laberinto de autos con la palma de la mano hacia el cielo (eternamente vacío, inalterable). Fueron ignorados.

Sin embargo, de uno de los autos, bajaron la luna polarizada y alguien les alcanzó algo que no era dinero. Extrañados, volvieron a la vereda.

Una vez sentados en el cemento de todos los días, descubrieron no sin asombro que lo que tenían entre manos era un juego de burbujas. Era un pomo plástico, delgado, que, al abrirlo, de la tapa podía verse colgar una circunferencia de colores.

Luego de varios intentos, lograron descubrir su mecanismo de funcionamiento: soplar muy levemente por la circunferencia hasta ver crecer la burbuja y, una vez madura, la burbuja se desprendía y flotaba, dueña de sí, por el mundo.

Entonces, se dispusieron a jugar, dejando todo a un lado: mientras uno de los niños inflaba las burbujas, los otros las perseguían rápidamente. Sin importarles mucho los transeúntes o los ambulantes, iban tras ellas entre risas y brincos, tratando de cogerlas y reventarlas. Eran simplemente otros, era otra noche, era otra vida: hoy habían aprendido, sin saberlo, a encapsular la felicidad en unas cuantas burbujas de jabón.

¿Cuántos de nosotros gozamos de esos instantes sencillos? ¿Cuáles son las burbujas de jabón de nuestros días? ¿El tabaco? ¿Las drogas? ¿El alcohol? Ahora me dicen que el cigarro produce disfunción eréctil y diecisiete tipos de cáncer. De la bebida, ni hablar.

Habrá que mirar, en adelante, a estos niños con más atención, pues algo saben.

viernes, 10 de febrero de 2012

martes, 3 de enero de 2012

Jaime Sabines en 3 poemas

De esta forma quiero comenzar el nuevo año. He aquí tres de mis textos favoritos de Jaime Sabines: poeta, peregrino, hombre.

Qué costumbre tan salvaje...



He aquí que estamos reunidos...



Los amorosos


sábado, 31 de diciembre de 2011

"...Y que los tiempos nos sean propicios". ¡Feliz Apocalipsis!

Las personas de Aries son generalmente delgadas, altas y tienen huesos fuertes y hombros de gran espesor. Muchos tienen una cara larga, una visión aguda y cejas oscuras. Aries rige el cerebro y la cabeza incluyendo los ojos los oídos y la nariz. Asimismo, las normas del cráneo, huesos de la cara, dientes, glándula pineal y los nervios ópticos. La cabeza también es el área del cuerpo que es más susceptible a la enfermedad para este horoscopo aries 2012. Dolores de cabeza, neuralgias y migrañas son comunes en los arianos. Por lo general los arianos tienen mala dentadura y son muy propensos al acné durante la adolescencia y las personas de sexo masculino tienden a la calvicie. Placeres y dolores para el futuroDurante los últimos años han pensado que la vida es una lucha frustrante. Ha realizado más de lo que pudo, comprometiéndose y responsabilizándose de sus actos. Las personas nacidas bajo el signo de Aries son activos audaces e impulsivos. Su naturaleza de fuego odia estar siempre en jaque. Así que le alegrará saber que las cosas comenzarán a cambiar en la primavera del horoscopo aries 2012. El comienzo del año será un poco lento, pero sus exigencias comenzaran a disminuir. A mediados de junio se dará cuenta de que la vida se ha vuelto mucho más fácil ir y las demandas serán menores. A finales del año se sentirá menos inquieto y mirara hacia atrás, sabiendo que ha trabajado duro, realizando los cambios necesarios obteniendo así sus logros, es un año en el que establecerá bases sólidas para el futuro a largo plazo. Previsiones para la salud Su salud será buena pero tenga cuidado en marzo y abril, cuando Marte viaja a través de su signo. Según el horoscopo aries 2012 es posible que tenga que tomar una decisión deliberada para relajarse. Tendrá un año de mucho trabajo para asegurarse y convencerse de que hay algo de espacio para usted en particular alrededor de mediados de octubre. Generalmente estará sano y tendrá buenas noticias sobre la salud de otra persona, en septiembre.

Aries en el 2012: ¡Tu año en el amor! En general este será un año muy positivo desde el punto de vista económico y el acento está dado en tu forma de invertir adecuadamente el dinero que te llegue. Habrás aprendido de errores pasados y estarás en la mejor disposición para reconocerlos, lo cual es estupendo puesto que una vez que entiendes las situaciones que surgen las puedes enfrentar de una manera objetiva y sin dejar que sean otros los que estén diciéndote como debes vivir tu vida. En el amor los arianos y arianas habrán logrado definir realmente lo que quieren, y esto les ayudará a consolidar una relación que vale la pena cultivar.

Para los juegos de azar, tus mejores momentos serán del 5 de marzo al 3 de abril, y del 21 de noviembre al 16 de diciembre.
Este 2012 los Arianos podrán fusionar su más grande hobby con su trabajo, tal vez abrir un tienda de venta de joyería o de su hobby preferido pueda llevarlos a conseguir mejoras económicas, pero debe recordar tener paciencia porque el dinero no se consigue de la noche a la mañana.

La vida familiar mejora en este horoscopo aries 2012, especialmente durante los dos últimos trimestres, y los arianos deben mirar hacia el frente en busca de la paz, mientras que goza de los bonos de consolidación entre los cónyuges y los niños. Las personas de Aries están siempre abiertas a nuevas ideas, pensamientos y sugerencias, y si bien adoran su libertad, su gran capacidad de adaptación les permite sacar lo mejor de cualquier situación. Los arianos no deben pasar por alto la posibilidad de un encuentro casual, en particular durante la mitad del año, lo que fácilmente podría convertirse en una amistad fuerte antes de que florezca el amor. Debe trabajar sus habilidades de comunicación con las personas este año, aprendiendo a usar el tacto cuando se trata de situaciones ideales que puedan surgir en las relaciones interpersonales. Las recompensas de hacerlo será grande cuando la armonía y la paz aparezcan como resultado ya sea en casa o en el trabajo.
JAJAJA... SERAAAAAAAÁ PE´!!!

viernes, 30 de diciembre de 2011

Algunas anotaciones sobre el Poema XV de Pablo Neruda - Por Néstor Saavedra Muñoz



El poema materia de nuestra exégesis es el "poema XV" de Pablo Neruda. Se encuentra incluido en Veinte poemas de amor y una canción desesperada, libro que forma parte del periodo de iniciación del escritor chileno. A continuación, transcribimos el poema para facilitar nuestro análisis:


Me gustas cuando callas porque estás como ausente,

y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

Parece que los ojos se te hubieran volado

y parece que un beso te cerrara la boca.



Como todas las cosas están llenas de mi alma

emerges de las cosas, llena del alma mía.

Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,

y te pareces a la palabra melancolía.


Me gustas cuando callas y estás como distante.

Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.

Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:

déjame que me calle con el silencio tuyo.


Déjame que te hable también con tu silencio

claro como una lámpara, simple como un anillo.

Eres como la noche, callada y constelada.

Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.


Me gustas cuando callas porque estás como ausente.

Distante y dolorosa como si hubieras muerto.

Una palabra entonces, una sonrisa bastan.

Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.



1. Dispositio
Hemos visto conveniente segmentar el poema de acuerdo a un criterio temático:
Primer segmento. Consta de las tres primeras estrofas. Título: “La presencia de los amantes es insuficiente para la realización del amor”.
Segundo segmento. Constituido por las dos estrofas siguientes. Título:”La distancia de los amantes y su vínculo con la muerte.


2. Elocutio
Los campos figurativos más importantes en el poema son el de la metáfora y la antítesis. Dentro del campo figurativo de la metáfora, encontramos al símil, recurso retórico por el cual se establece una comparación. En el poema de Neruda, se manifiestan una serie de relaciones semánticas, en ese sentido. El silencio es asociado con la ausencia (“Me gustas cuando callas porque estás como ausente”) y con la lejanía (“Me gustas cuando callas y estás como distante”). Y si revisamos el poema como un discurso que guarda una coherencia global, el silencio se relaciona con la idea de la muerte. Organizar el mundo conceptualmente de acuerdo al símil implica concebir el amor como una idea sin definición precisa, lo cual determina que solo podamos hacer comparaciones para esbozar alguna noción sobre el particular. De esta manera, pensamos que el símil en el poema XV de Neruda solo nos permite precisar los límites de la idea del amor; es decir, el poema no nos da una definición explícita del amor, sino que mediante comparaciones nos acerca a su lado más contradictorio. Creemos que el símil más relevante del poema es el que se refiere a la muerte: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente/ Distante y dolorosa como si hubieras muerto”. Aquí el silencio está asociado a la idea de distancia y muerte. Se confunde el abismo entre los amantes con la muerte del otro.
El otro recurso retórico importante es la antítesis. Por medio de esta figura se abordan dos conceptos: la naturaleza del silencio y la naturaleza del amor. El silencio se concibe no como un no-lenguaje, sino que forma parte de la comunicación, tiene un significado: “déjame que me calle con el silencio tuyo”, “Déjame que te hable también con tu silencio”. No cabe duda de que estamos ante una característica de la poesía moderna. El plano de lo verbal ha entrado en crisis y ahora el silencio también tiene sentido en el marco de la comunicación humana. La antítesis también es un recurso por el cual se aprehende el tema amoroso; ello implica entender al amor como una reunión de contrarios. El amor implica una posesión imposible, un compenetrarse con el otro inalcanzable. Así lo demuestran los siguientes versos: “y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca”, “Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza”. Y es por ello que el sujeto de la enunciación, al sentir que no hay una complementación absoluta, piensa en la muerte del amante.
De acuerdo con el poema de Neruda, los amantes se sienten cerca, pero también lejos, inaccesibles. Esto despierta cierta angustia entre los sujetos que viven la experiencia del amor: “Me gustas cuando callas y estás como distante/ Y estás como quejándote, mariposa en arrullo”. Nótese el contraste entre la idea de quejido y arrullo. De aquí podemos inferir una suerte de aceptación de las condiciones del amor. Esa distancia infranqueable de los amantes se convierte en algo bello, quizá porque sean concientes de la experiencia amorosa, afirmándose mutuamente dentro de ese sentimiento.

3. Los interlocutores del poema
El poema es enunciado por un locutor personaje, quien se dirige a un alocutario representado. En ese sentido, el texto manifiesta un tono confesional, por el cual el hablante básico pone en evidencia la naturaleza contradictoria de sus sentimientos hacia el sujeto amado.

4. Inventio
El poema XV de Pablo Neruda nos revela la naturaleza del amor. Aunque el mundo representado sea conflictivo, el sujeto de la enunciación no lo rechaza, sino que lo vive con intensidad. ¿Qué implica la noción de amor? Sin duda, sentimientos encontrados; es una realidad en la que el yo poético ha sabido superar los antagonismos. Esto lo demuestran las constantes marcas de su subjetividad con respecto al otro, símbolo del amor: “Me gustas cuando callas...”, “Y estoy alegre, alegre...
En esa dirección, el poema XV plantea el amor como una feliz antítesis. Para el hablante básico, el amor es presencia y ausencia, lejanía y cercanía, queja y arrullo, todo y nada. Siente al otro distante, lo cual lo acerca a su condición de ser: la soledad. Nos atrevemos a decir que es desde la soledad que se habla del amor. Entonces el sentimiento amoroso es ubicado entre dos orillas: entre la insatisfacción por no poseer completamente al ser amado y la destrucción, la muerte del otro, que es la soledad real.